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Plantas de signatura
Las plantas de signatura son plantas cuyos rasgos externos, según la antigua doctrina de las signaturas, se interpretaban como indicios de su efecto medicinal o de su significado simbólico. La forma, el color, el olor, el sabor, el porte o el lugar donde crecen se entendían como señales con las que la naturaleza indicaba la fuerza de una planta.
La idea de fondo es la siguiente: lo semejante cura lo semejante. Así, la pulmonaria (Pulmonaria officinalis), con sus hojas parecidas a pulmones, se consideraba una planta medicinal para las vías respiratorias, mientras que las plantas rojas como la salicaria (Lythrum salicaria) se relacionaban con la sangre y la circulación. También el nogal (Juglans regia) se vinculaba tradicionalmente con los trastornos de la cabeza por su forma semejante al cerebro.
La doctrina de las signaturas marcó la fitoterapia durante muchos siglos. Sus raíces se remontan a la Antigüedad y fue desarrollada más tarde en la Edad Media y el Renacimiento. Se hizo especialmente conocida gracias a Paracelso, que popularizó la idea de que la propia naturaleza ofrecía indicios sobre el uso de las plantas medicinales.
Ejemplos típicos de plantas de signatura son la pulmonaria (Pulmonaria officinalis), la hepática (Hepatica nobilis), la salicaria (Lythrum salicaria), el nogal (Juglans regia), la artemisa común (Artemisia vulgaris) y la hierba de San Juan (Hypericum perforatum). Además, algunas plantas se asociaban a determinados planetas, elementos o fuerzas simbólicas.
Hoy en día, la doctrina de las signaturas no se considera científicamente un método probado. Aun así, sigue siendo muy interesante para jardines etnobotánicos y colecciones de plantas medicinales, porque une de forma especial la observación de las plantas, la medicina popular y la historia cultural. En el jardín, las plantas de signatura pueden agruparse en parterres temáticos e invitan a descubrir las plantas medicinales no solo desde un punto de vista botánico, sino también histórico-cultural.